En Verizon lidero la transformación de los sistemas de red: las plataformas, los datos y, cada vez más, la IA que determina si una red a escala nacional se comporta de forma predecible. El portafolio alcanza las ocho cifras anuales y se entrega a través de una organización de ingeniería distribuida de varios cientos de personas en distintas regiones.
El trabajo de transformación se ha traducido en ahorros multimillonarios para el negocio: no un piloto, no una prueba de concepto guardada en un laboratorio. Plataformas que atienden a decenas de millones de clientes, con volúmenes de transacciones de nivel telecom y rendimiento de datos sostenido, modernizadas sin dejar de operar.
Un grupo más reducido de líderes puede señalar la versión más difícil de esto: productos internos construidos para desplazar plataformas COTS de alto costo de licencia, y grandes lagos de datos levantados sobre bases open source en lugar de pilas con licencia. Ambas suelen presentarse como asuntos de costo. En realidad son decisiones de arquitectura sobre quién controla la hoja de ruta: el ahorro se deriva de eso, no al revés.
En paralelo al trabajo operativo, he dirigido la debida diligencia técnica e integraciones posfusión, y tengo una inversión con salida en una empresa del sector salud. La asignación de capital y la disciplina de entrega resultan ser el mismo instinto, apuntado en direcciones distintas.